miércoles, 5 de marzo de 2014

Miguel Hernández

Mi primera maestra

Cuando yo tenía seis años cruzaba, por las mañanas, una plaza inclinada—vivíamos en la falda de un cerro—y entraba a la escuela. La maestra era grandota; ponía, arrollados sobre el pupitre sus dedos gordos y nos permitía hacer ruido. Yo hacía emes minúsculas con vueltas redondas como los dedos de ella. Una tarde, sin que mi madre supiera, crucé la plaza, llamé con el pie a la puerta de la maestra y apareció por la ventana su cabeza grande, parecida a la de una vaca buena sin cuernos.
—¿Qué quieres?
—Vengo a hacerle una visita.
—Bueno, te quedas un ratito y enseguida te vas...
Cuando abrió un poco la puerta de la calle yo pasé cerca de su pollera gris. Ella, con su mano tomó la mía y me llevó al fondo. Debajo de un paraíso había una gallina echada; empezó a cloquear y por debajo de su cuerpo—de un gris parecido a la pollera de la señorita—se asomaban pollitos amarillos. Estarían tan calentitos como mis dedos entre la mano de la maestra. Después ella me acompañó hasta la puerta y yo le dije:
—De aquí un ratito voy a venir a hacerle otra visita.
—No, no; otro día.Pero yo seguí pensando. Esa noche, cuando estuve solo en mi cama, me acordé de la gallina con pollos y empecé a imaginarme que vivía bajo la pollera de la maestra. Al día siguiente, a la siesta, volví a pensar lo mismo: a esa hora yo no dormía; y mis padres tenían los ojos cerrados. Suponía a la maestra de pie, recostada al paraíso; y yo, debajo de sus polleras le acariciaba una pierna; o más bien las dos. Sentía su calor y veía que después de terminar las medias negras que yo conocía, las piernas eran gordas como las de mi abuela y muy blancas. Todo parecía muy natural; y mientras yo la acariciaba, la señorita se quedaba tan tranquila como la gallina de los pollos. Aunque estaba debajo de la pollera yo veía sin embargo, la cara de la maestra; y ella miraba distraída para todos lados. A veces venía la madre: era una viejita muy buena—una vez me dio café con leche; pero yo no lo pude terminar porque ya había tomado en casa. En algunas siestas yo me quedaba pensando en la viejita o en cualquier otra cosa; y de pronto me olvidaba que debía estar debajo de la pollera; eso me daba fastidio y hacía esfuerzos para imaginar todo de nuevo. En otra siesta pensé que la viejita le había preguntado a la hija:
—¿Qué estás haciendo?
y la maestra había respondido:
—Tengo cría.
Pero la madre sabía todo y hablaba como en los días que tenía caramelos y me decía, en broma: "No hay caramelos." Ahora la hija le hacía una guiñada y yo la veía mientras le acariciaba las piernas. En casi todas las siestas las gallinas de casa cacareaban y yo las odiaba; no me daba cuenta que estas gallinas eran iguales a las de la maestra.
Cuando llegaron las noches de verano mis padres me dejaban jugar un ratito antes de irme a la cama; entonces yo cruzaba la plaza, entraba al zaguán de la maestra y de pronto soltaba una carcajada y la asustaba. Una noche vi, desde la vereda, que ella iba a cada momento del comedor a la cocina llevando los platos. La lámpara que estaba encima de la mesa del comedor tenía pantalla y daba luz clara nada más que en el mantel. Sin que la maestra me viera, entré al comedor y me escondí debajo de la mesa. Al ratito ella vino, con los pasos de siempre, pero traía una pollera blanca; se acercó mucho a la mesa y yo, tocando el piso con la cabeza miré hacia arriba y me asomé al interior de su pollera: todo estaba un poco oscuro; pero se aclaraba más cuando ella, para alcanzar alguna cosa que estaría al otro lado de la mesa, apoyaba un pie y levantaba el otro en el aire. Yo hice varias veces la prueba sin que mi cabeza tocara sus pies. Después de levantar la mesa ella volvió al comedor con pasos lentos; se recostó al borde de la mesa, levantó un pie y dejó el otro en el suelo. Entonces yo me asomé por el lado de afuera de la pollera y vi que tenía la cara tapada con un libro.
Entre nosotros había mucha confianza; si ella me descubría debajo de su pollera, yo le diría que era jugando. Por fin me decidí a entrar. No sé si llegué a tocarle las piernas; ella soltó un grito y al bajar el pie que tenía en el aire, me pisó; también sentí que me apretaba la cabeza. En seguida vi caer todo su cuerpo, oí sonar unos vasos que había en el aparador y alcancé a ver un pedazo blanco de la pierna de ella. Cuando se levantó estaba muy enojada y creí que me pegaría; pero de pronto se echó a reír: quería hablarme y no podía; dio vuelta la cabeza, fue hasta el zaguán y miró para la cocina: la madre estaba lavando los platos y no había oído nada. La maestra volvió hacia mí y levantando un dedo me dijo que le mandaría decir a mi padre lo que yo había hecho y que ahora me fuera para mi casa. Yo pasé por delante de ella con la cabeza baja pero mirando la pollera blanca; caminaba lentamente, me daba cuenta que ella me perdonaba y me sentía feliz. Al cruzar la plaza recordé su risa y pensé: "A ella le gusta que yo me meta debajo de su pollera"

lunes, 3 de marzo de 2014

Consejos por Twain

TWAIN NO SE COMPLICA


Elmore Leonard
En esta serie de reglas y consejos de los grandes escritores, examinamos las reglas propuestas por ese gran narrador americano, Samuel Langhorne Clemens, más conocido como Mark Twain. Entre sus muchas historias, escribió Las aventuras de Tom Sawyer y su secuela, Las aventuras de Huckleberry Finn, esta última a menudo llamada “la gran novela americana”.
Las reglas para escribir de Twain
  • Una historia debe lograr algo y llegar a alguna parte
  • Los episodios de una historia deben ser partes necesarias de la historia, y deben ayudar a desarrollarla
  • Los personajes de una historia deben estar vivos, excepto en el caso de cadáveres, y el lector siempre debe ser capaz de distinguir los cadáveres de los otros
  • Los personajes de una historia, tanto vivos como muertos, deben exhibir una excusa suficiente para estar ahí
  • Cuando los personajes de una historia entablan una conversación, debe sonar como una conversación entre humanos, y lo que dicen debe ser similar a lo que dirían seres humanos en las mismas circunstancias, y debe tener un significado reconocible, y también un propósito visible, y demostrar relevancia, y permanecer en la vecindad del tema en cuestión, y ser interesante para el lector, y ayudar a la historia, y deberá detenerse cuando la gente ya no tenga nada más que decir
  • Cuando el autor describe el carácter de un personaje en su historia, la conducta y la conversación de ese personaje deberán justificar dicha descripción
  • Cuando al principio de un párrafo un personaje habla como si fuera un elegante libro ilustrado, hecho a mano, con ribetes dorados y fino lomo de piel, no podrá hablar como un juglar negro al final del mismo
  • Ni el autor ni los personajes de la historia deben aprovecharse del lector con burdas estupideces
  • Los personajes de una historia deben limitarse a las posibilidades y dejar de lado los milagros; o, si se atreven con un milagro, el autor debe presentarlo tan plausiblemente como para que parezca posible y razonable
  • El autor debe hacer que el lector sienta un profundo interés por los personajes de su historia y por su suerte; y debe hacer que el lector adore a las buenas personas de la historia y odie a las malas
  • Los personajes de la historia deben estar tan claramente definidos que el lector debería poder anticipar lo que haría cada uno de ellos en cualquier tipo de emergencia
Además, el autor debe
  • Decir lo que se propone decir, no sólo acercarse a ello
  • Usar la palabra correcta, no su prima segunda
  • Rehuir el exceso de palabras
  • No omitir detalles necesarios
  • Evitar el descuido de la forma
  • Utilizar buena gramática
  • Emplear un estilo sencillo y directo

consejos del maestro:STEPHEN KING

LOS CONSEJOS DEL REY DEL TERROR: STEPHEN KING

¡Sé sincero! El hombre que ha escrito algunos de los libros más aterradores en los últimos tiempos es Stephen King. Cuenta con más de 50 novelas y 30 películas, todas ellas con esos matices escalofriantes. No obstante, King también es muy conocido por sus citas sobre la escritura como arte y oficio.
De hecho, publicó Mientras escribo, un manual muy respetado sobre el oficio de escribir. En él, King ofrece consejos prácticos para llegar a convertirse en un escritor de éxito. Los siguientes son los siete consejos más destacados.
Todo empieza con un rechazo

Stephen King
Muy pocos escritores logran que los publiquen al primer intento, y King no fue la excepción. Comenzó a presentar sus historias cuando todavía estaba en la escuela y, a la edad de 14 años, ya había acumulado una gran colección de cartas de rechazo. King perseveró y dice que, de hecho, aprendió algunas de sus mejores lecciones de las notas garabateadas en los márgenes de esas cartas. En una le recomendaban reducir la verborrea y eso hizo que cambiara su forma de escribir “de una vez y para siempre”.
Lee mucho, y escribe mucho
¡Tal vez la siguiente sea su cita más famosa sobre el oficio de escribir! En ella, King sostiene que para ser un escritor tienes que hacer dos cosas por encima de todo.
"Si no tienes tiempo para leer, no dispones de los medios para escribir. Leer suministra el combustible para escribir. Crea una “facilidad e intimidad” con la escritura, permitiéndole al escritor deslizarse sin problemas dentro del proceso creativo.


Domina los fundamentos de la escritura

Para ser un buen escritor, debes dominar los 
fundamentos del vocabulario, la gramática y el estilo. Utiliza únicamente el vocabulario con el que te sientas más cómodo. Conoce tu gramática. Evita los adverbios y la voz pasiva como si fueran la peste. Como dice King, el dominio de estas habilidades elementales puede conducir eventualmente a la magia de una novela en toda regla
















En su forma más básica, sólo estamos hablando de una habilidad que se aprende, pero ¿no estamos de acuerdo en que a veces las habilidades más elementales pueden crear cosas mucho más allá de tus expectativas? Estamos hablando de herramientas y carpintería, de palabras y estilo... pero a medida que avancemos, harías bien en recordar que también estamos hablando de magia”.
Escribir es un trabajo, así que prepárate para hacerlo
En sus primeros días, King escribía incesantemente. Él dice.
“A veces tienes que seguir aunque no quieras”. Escribir requiere compromiso, y “... si no quieres trabajar hasta partirte el culo, no tiene ningún sentido que pretendas escribir bien”.
Las historias se pueden encontrar en cualquier lugar, en cualquier momento
Uno de los primeros consejos de King es que no existe ningún catálogo de ideas esperando a ser encontrado. Las buenas ideas para una historia pueden salir de cualquier parte, y la labor del escritor consiste en detectarlas. La mayor parte de las ideas de King salieron de fragmentos de conversaciones y de crear escenarios alrededor de ellos.
Siempre sé sincero
King insiste repetidamente en que los escritores necesitan ser fieles a sí mismos:
“Escribe aquello que te guste, y luego dótalo de vida y hazlo único al mezclarle tu propio conocimiento personal de la vida, la amistad, las relaciones, el sexo y el trabajo”. En una variante de la regla “escribe sobre lo que sabes”, King anima a los escritores a escribir sobre aquello que sienten como verdadero. Utilizando lo que sabes y lo que es único en ti, le 
darás sinceridad y veracidad a tus personajes, diálogos y escenarios.
El apoyo te llevará lejos

La relación con su esposa, Tabitha, está incrustada en el libro de King. Él la describe como la persona a la que acude en busca de apoyo y consejos. Él la considera su lector ideal. El apoyo ayuda mucho, y King lo expresa mejor:

“Escribir es un trabajo solitario. Tener a alguien que crea en ti hace una gran diferencia. No tienen que darte discursos. Por lo general, basta con que crean en ti”.




domingo, 2 de marzo de 2014

LAS 10 REGLAS PARA ESCRIBIR BIEN DE ELMORE LEONARD

Introducimos una nueva serie ocasional de artículos y consejos para escribir, provenientes de muchas de las grandes figuras de la literatura. Comenzamos con el gran Elmore Leonard que tristemente falleció en 2013.

Las primeras novelas publicadas de Leonard fueron westerns, pero luego se especializó en novela negra y muchas de sus obras fueron adaptadas al cine.
Entre las más conocidas están Get Shorty (Cómo conquistar Hollywood), Hombre, y Rum Punch, la cual se filmó bajo el título de Jackie Brown.

Elmore Leonard
  • Jamás empieces un libro hablando del tiempo.
  • Evita los prólogos.
  • Nunca utilices un verbo distinto a “dijo” para llevar los diálogos.
  • Nunca utilices un adverbio para modificar el verbo “dijo”… advirtió seriamente.
  • Mantén tus signos de exclamación bajo control. No te puedes permitir más de dos o tres por cada 100.000 palabras de prosa.
  • Nunca utilices las palabras “de repente” o “se armó la gorda”.
  • Utiliza los dialectos regionales con moderación.
  • Evita las descripciones detalladas de los personajes.
  • No entres en mucho detalle al describir lugares y cosas.
  • Intenta descartar las partes que los lectores tienden a saltarse.

Ocho reglas para escribir ficción de Neil Gaiman


Las ocho reglas para escribir ficción de Neil Gaiman son:


1-Escribe. 

2-Pon una palabra después de otra. Encuentra la palabra correcta. Déjala ahí. 

3-Termina lo que estás escribiendo. Sea lo que tengas que hacer para terminarlo, termina. 

4-Déjalo a un lado. Léelo como si nunca antes lo hubieras leído. Muéstrelo a algunos amigos, aquellos cuya opinión respetes y que gusten de ese tipo de textos. 

5-Recuerda: Cuando la gente te dice que hay algo que va mal o que simplemente no está funcionando para ellos, casi siempre estarán en lo cierto. Cuándo te dicen qué es lo que está mal y cómo arreglarlo, casi siempre estarán equivocados. 

6-Trabaja en ello. Recuerda que, tarde o temprano y antes de que llegue la perfección, tendrás que dejarlo ir y continuar escribiendo otras cosas. La perfección es como perseguir el horizonte. Sigue adelante. 

7-Ríete de tus propias bromas. 

8-La regla principal para escribir es que si lo haces con confianza y seguridad, podrás hacer lo que quieras (esto puede funcionar tanto en la vida como en la escritura, pero definitivamente es cierto en cuanto a la escritura). Así que escribe tu historia cómo debe ser escrita, escribe honestamente y cuéntala lo mejor que puedas. No estoy seguro de que haya otras reglas. Al menos, no de las que cuentan.

sábado, 1 de marzo de 2014

CONSEJOS PARA ESCRITORES PRINCIPIANTES DE ONETTI



I. No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.
II. No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.
III. No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.
IV. No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.
V. No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.
VI. No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.
VII. No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.
VIII. No olviden la frase, justamente famosa: 2 más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?
IX. No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.
X. Mientan siempre.
XI. No olviden que Hemingway escribió: “Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer.”

DECÁLOGO DEL PERFECTO CUENTISTA, DE HORACIO QUIROGA



I
Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo.
II
Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.
III
Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.
IV
Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
V
No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.
VI
Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: “Desde el río soplaba el viento frío”, no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.
VII
No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
VIII
Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
IX
No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.
X
No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.